Thursday, March 23, 2023

Día 4: Talampaya... paisaje rojizo / La Rioja... paseo y clase de tango

Llegamos a Talampaya a las 9, como estaba previsto. El cielo está cubierto, lo cual es una gran suerte, porque los días anteriores las temperaturas estaban en torno a los 35°. Esta vez Daniel se queda fuera descansando, ya que la visita es en un autobús del parque y él se la sabe de memoria. Me sorprende lo cara carísima que es la entrada: entre guía e ingreso, casi diez mil pesos, unos 30€. Prohibitivo para un argentino de clase media. Daniel me explica que era un parque provincial pero luego, por falta de fondos, pasó a ser nacional y el gobierno decidió dárselo a una empresa privada que claramente está haciendo buen negocio. 


A las 9:10 estamos unos 10-12 turistas esperando al lado del autobús. Vanesa, la guía, nos presenta a Alonso, el conductor, que va parando de estación en estación. Nos bajamos en cuatro: Petroglifos, Jardín botánico, La catedral y El Monje.


Petroglifos:



Jardín botánico:

Jardín Botánico

La catedral

El monje





El parque es precioso pero no disfruto tanto la visita como la de Ischigualasto porque Vanesa no nos convoca a todos y luego nos deja tiempo para ver las cosas como hacía Martín, sino que muchas veces va hablando según camina y hay que elegir entre escucharla o hacer fotos alejándose de ella.

 

A las tres horas ya estoy de vuelta. Paso por la cafetería y me compro una estupenda ensalada por solo 850 pesos. Lleva jamón, queso, lechuga, rúcula (¡me encanta!), zanahoria, remolacha y tomate. 


Me la voy tomando por el camino a la "Cuesta de Miranda", un paso entre montañas construido a principios del S XX y sustituido por la actual carretera inaugurada en el 2015. Nos bajamos a hacer fotos.

- La llaman también "cuesta tricolor". Mira, ahí se ve el antiguo "Camino del Inca" y ahí va el cauce del río Miranda.
- ¡Qué aire fresco! Una delicia.



De ahí nos dirigimos al Chilecito, ciudad minera, donde Daniel tenía un museo muy interesante que enseñarme: El "cable carril" de La Mexicana. La entrada desde la calle hasta las oficinas estaba cubierta por un enorme parral que daba sombra a un hermoso jardín plagado de máquinas. Una amable guía del museo me va llevando por las distintas salas y explicándome la historia de este cable carril.






- En el cerro de Famatina, con cimas de hasta 6250m de altura, se asienta el distrito minero de "La Mexicana". Fueron los ingleses los que explotaron la mina, extrayendo oro, plata, cobre y hierro. Así fue como un pueblito de unos 2000 habitantes consiguió tener la primera sucursal del Banco Nación en el interior del país y una de las primeras líneas telefónicas.



- La mina se encontraba entre los 4600 y los 5300m sobre el nivel del mar y la mercancía originalmente se bajaba de la montaña mediante 600 mulas, las cuales transportaban unos 150 kg. Hacía falta un transporte mucho más rápido y así fue como el gobierno argentino contrató a la alemana Adolf Bleichtert para la instalación del cable carril, obra impulsada por el diputado nacional riojano Joaquín V. Gonzalez. El ensamblaje e instalación de 262 torres, 11 contrapesos, 6 motores, 9 estaciones y cable de una longitud de 35 km. aéreos dura año y medio y se completa en 1905. De esa manera fue posible transportar una vagoneta de media tonelada en tan solo 6 minutos.


(Me sigue llamando la atención que a la 'b' y la 'v' se las llame "b larga" y "b corta" en Argentina. Si no fuera porque después busqué información, pensaría que la inicial de Joaquín era B.)


Cecilia me habla también de las durísimas condiciones de trabajo que tenían los operarios, rondando la esclavitud, con jornadas de 16 horas y apenas 5 de sueño. La ración diaria de comida era de 1 kg pero dada la elevación y los grandes esfuerzos que realizaban, se estima que equivaldría a 300 gramos de nuestra dieta actual. Nosotros tenemos mucha más suerte y Cecilia nos obsequia con dos hermosísimos racimos de uvas. Daniel se queda el grande y a mí me da el enorme.


Banco Nación

A la salida, pasamos por la plaza del pueblo para que yo me diera un paseo y Daniel se comprara una bebida. Hace mucho calor, así que voy aprovechando las sombras, no muchas, que hay a las 3:30 de la tarde. Lo que más me gusta es una escuela, a la que entro con el permiso de su subdirectora. Me cuenta que están con mínimos de personal por la huelga de salarios de los docentes. También veo la sucursal del Banco Nación, que no he llegado a comprobar si era la original.


Escuela Nicolás Dávila
    

En menos de dos horas, estamos en el Hotel Pucará de La Rioja. Es muy cuco, moderno y luminoso. Tienen equipos de mate en la sala de estar. Me llevo uno a la habitación y pincho un poco.


No son ni las 6, así que me da tiempo a explorar. Pido un mapa en recepción y consejo sobre qué ver. Les hago caso y esto es lo que sale:



      

Me dirijo a la plaza y, de camino paso por la iglesia más antigua de Argentina (de 1623), aunque no me entero de ello hasta el día siguiente. Sigo el recorrido hacia una moderna manzana: el Paseo Cultural. Entro en una cafetería a preguntar si tienen zumo natural de pomelo. El camarero lo consulta y sí, me lo hacen si quiero. No me quedo porque quiero primero seguir explorando. Sigo rodeando la misma manzana y entro en Freddo a preguntar si tienen helados de fruta sin leche. Me dicen que de piña o de maracuyá con naranja. Me dan a probar ambos
- ¿Y el de frambuesa patagónica?
- Ese lleva leche.
- Ah... ¿Pero cuál es el que más se lleva la gente, el que más me recomiendas?
- El de frambuesa patagónica es uno de los más populares.
- Mañana vengo y me lo llevo. Ahora acabo de comer y no tengo hambre.

Termino el recorrido y por detrás de un museo, subo unas escaleritas. Me pierdo una exposición que inauguran ahí mismo a las 8:30 porque a esa hora debo estar en una clase: el guía de Ischigualasto me puso en contacto con un tanguero riojano y voy a hacerle de ayudante para su clase de principiantes, así que debo darme prisa. Paso por delante de la catedral y está muy bonita. Tomo varias fotos. Veo un conglomerado de gente: nuevamente docentes que reivindican mejores salarios, me explica un chico joven al que pregunto. 





Vuelvo al hotel a paso ligero, me doy una ducha y ya son más de y veinte. Por suerte, el encargado del hotel me puede llamar a un taxi que me lleva a la escuela de danza donde enseña Gastón. Aunque es tarde, pues tengo la dirección incorrecta, todavía no han llegado sus alumnos. Bailamos un tango. "Se nota que llevas bailando mucho tiempo", me dice. Nos da tiempo a bailar medio tango más antes de que llegue Gonzalo, que lleva tan solo dos clase de tango. Empezamos la clase. Luego llega Juan que ya ha bailado algo, pero hace mucho. Gastón tiene más alumnos, pero hoy vienen solo estos dos. Estupendo porque así podemos darle a cada uno una atención personalizada. Al acabar la clase nos quedamos en una plaza charlando un poco, fundamentalmente sobre cómo el tango llegó a nuestras vidas. Gastón va regularmente a Buenos Aires a formarse. "De pequeño mi papá me obligaba, pero a los 18 lo retomé y no lo volví a soltar. El tango es mi vida. Lo bailo, lo aprendo, lo enseño." Su padre lo dejó de repente y nunca confesó por qué.

Voy caminando con ellos de vuelta al hotel hasta donde varios tiene sus motos aparcadas. Me dicen por dónde volver pero dado que son más de las 11, termino por coger un taxi. Me lleva algo de tiempo encontrar uno porque muchos solo se distinguen por una franja con números en la parte superior del parabrisas, pero el alumbrado de la avenida donde estoy no es muy potente. Al final encuentro uno de los convencionales, los que llevan el letrero luminoso que dice "LIBRE".

Ya en el hotel me tomo una parte del racimo de uvas, gentileza del museo de Chilecito. Son solo las 11:30. Tengo planes de dormir bien, así que le pido al guía que me recoja una hora más tarde, a las 10. Aun así, me pongo a escribir y se me hacen más de las dos de la mañana.

Día 3: Ischigualasto... los dinosaurios más antiguos.

Una tos seca me despierta media hora antes de que suene el despertador. Me consuelo pensando que así me dará más tiempo a hacer todo. Al final, tuve tiempo de sobra.
Daniel me había propuesto visitar los dos parques naturales, Ischigualasto y Talampaya, en el mismo día, pero para eso había que salir a las 8 de la mañana y, teniendo la milonga, iba a ser demasiado. Le convoqué a las 10 y, cuando llegué de la milonga tan tarde, le escribí pidiéndole salir una hora después. Al final, él se retrasó una hora más y no salimos hasta las 12 del mediodía.
 
Tardamos unas tres horas en llegar a Ischigualasto (o Valle de la Luna). Daniel me explicó que el parque es una mirada al periodo triásico, ya que las capas que deberían estar sepultadas, por movimientos de las placas tectónicas, se han comprimido y empujado hacia el exterior.


- Antes de llegar al parque verás formaciones de Tarjados, Talampaya, Chañares e Ischichuca. Una vez entremos al parque, verás otros tres tipos: los rastros, barrancas coloradas e Ischigualasto.


¡Menudos nombrecitos!

 

Llegamos a la entrada del parque a las 2:45, donde está la taquilla. 2500 pesos. Los argentinos pagan 1500 y los sanjuaninos, 500. El circuito, de 40 km, se hace en grupos de vehículos, acompañados por un guía del parque. El siguiente estaba programado para las 3:30 y me dio tiempo a visitar el museo. No todo, tuve que volver después. Además de mostrar la flora y la fauna del parque, aprendí algo fascinante: que el parque cuenta con fósiles de los dinosaurios más antiguos encontrados en el planeta.

Salimos en caravana con Martín que nos fue parando en puntos de interés, incluyendo el "museo del sitio" (arqueológico). Los dos parques, Ischigualasto y Talampaya, son en realidad uno solo, declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO en el año 2000. La separación en dos es puramente administrativa: el primero pertenece a la provincia de San Juan y está considerado parque provincial, mientras que el segundo pertenece a La Rioja y pasó a ser parque nacional en 1997.


Valle Pintado

La esfinge

 Cancha de Bochas

El submarino

El Hongo




Casi al acabar el recorrido, le saqué una foto a un guanaco, que no se dignó a mirarme. Por más que Daniel lo llamaba y hacía ruido, él parecía embelesando mirando las capas de tonos ocres, como si el fotógrafo estuviera al otro lado.



De vuelta a la entrada, aparte de terminar la visita al museo, eché un vistazo a los puestos de artesanía y me compré un imán. 
       


Nos quedaba hora y media de viaje hasta llegar a Villa Unión, ya en la provincia de La Rioja.
- No tiene nada de especial, es solo un lugar de paso. Mañana tenemos que salir como tarde a las 8 para poder llegar a Talampaya a las 9, que es cuando tenés la reserva.

De camino nos encontramos un control policial rutinario y seguimos nuestro camino al Hotel Cuesta de Miranda. Daniel se despidió hasta la mañana siguiente. Eran las nueve pasadas. Omar, súper amable, me recibió, me dio la llave y me enseñó el hotel, incluyendo una terraza desde la que se veía un bonito amanecer. En ese momento había un cielo despejado y se venían las estrellas. De camino por el pasillo, me habló orgulloso de su grupo folklórico, Kallarku.

Llegué con hambre y cené bien, de mi "tartera itinerante", lo que me llevo del buffet de desayuno, que nunca hago in situ.

El hotel estaba poco concurrido y no era tarde, así que esperaba dormir muy bien. Pero al final me desperté muchas veces, no sé bien por qué. 




Monday, March 20, 2023

Día 2: San Juan... homenaje a Gardel.

Me despierto antes de la hora a la que tengo puesto el despertador y aprovecho para ir a comprar protector solar. Encuentro uno en espuma. Curioso, es una presentación que no conocía. 

Daniel, de la agencia, me recoge a las 10 de la mañana. En el coche van también Natalia y Juan Ignacio, de luna de miel. Él trabaja en contabilidad y ella es abogado del estado.

Iniciamos la visita rodeando la plaza principal, 25 de Mayo. Daniel nos cuenta que la ciudad sufrió una transformación importante en 1944, cuando quedó completamente en ruinas por un terremoto. Su reconstrucción se hizo con calles y aceras anchas, y con plazas grandes donde la gente pudiera ser socorrida en caso de sufrir otro terremoto. Además se crean nuevos códigos de construcción de viviendas con cimientos más sólidos y profundos y paredes reforzadas con columnas en las esquinas, unidas con las vigas. Además, se añaden columnas también en puertas y ventanas, donde se incorporan dinteles. En 1977 un nuevo seísmo en una localidad cercana sacude la ciudad y confirma que la reconstrucción de San Juan ha funcionado, no hay daños.

Pasamos por la catedral y el campanil y nos dirigimos a la casa natal de Sarmiento, donde nació y vivió el gran prócer argentino Faustino D. Sarmiento, gobernador, presidente, minero y gran promotor de la educación en Argentina. Su principal legado, en la segunda mitad del S XIX, consistió en sacar a la Argentina del analfabetismo, creando multitud de escuelas primarias.

Juan Ignacio me ofrece mate. Tomo y se lo devuelvo con un "gracias". Me explica que no debo dar las gracias, a no ser que no quiera más. "Aunque suene a buena educación el agradecer, en sitios tradicionales, no te lo volverán a ofrecer", explica. En ese momento es verdad que no quería más, pero no sabía el significado implícito de agradecer un mate. Me lo apunto.

Daniel nos lleva al auditorio. Recuerdos frescos, ¡y bellos!

- No se acerquen al escenario, que hay un ensayo. Ocupen las últimas filas completamente en silencio y a los pocos minutos yo les indico que es hora de salir.

Consigo una estupenda instantánea del auditorio vacío. No entiendo por qué hay una señora hablando a cada momento (no oigo lo que dice), sentada más o menos por donde yo estaba la noche anterior. Al salir nos cuentan que era un examen.

De nuevo pasamos por más de los monumentos que había visto la noche anterior, antes de encaminarnos a la "ruta interlagos", que incluye el dique de Ullum, Punta Negra y otro que no visitamos (Caracoles). A la vuelta, ya cerca de la ciudad, cruzamos el dique Ignacio de la Rosa, que es el que da paso al riego de los distintos departamentos de la ciudad, mediante un sistema de compuertas que se abren alternativamente.

Por último, Daniel nos lleva a la bodega Sierras Azules, donde el dueño nos explica el proceso de elaboración del vino. Los recién casados tienen reservada una mesa para almorzar y ahí nos separamos. Nos volveremos a ver en Buenos Aires, donde ellos residen, y ya estoy invitada a la casa de un buen parrillero, el padre de Natalia. Será en abril.

Daniel y yo pasamos por la tienda y, claro, no voy a comprar vino. Primero, que no me gusta, y segundo, estando como estoy de viaje por Argentina. Curiosamente, el propietario de la bodega me cuenta que aunque es él quien elabora el vino, junto con su hijo, a él tampoco le gusta. Le da dolor de cabeza.

- Pero veo que tiene otros productos. 

- Sí, es de un productor local. Hacemos intercambio. 

Así que compro tres botes de pasta de aceitunas, berenjenas y tomates secos y me voy al encuentro de mi guía. Daniel pone el coche en marcha y entonces se me enciende la bombilla: Seguro que Claudio y Cecilia lo aprecian. Le pido que me espere.

- Perdón que le moleste otra vez, pero es que se me ha ocurrido comprar una botella para unos amigos que hice anoche.

- No es molestia. ¿Qué vino querría?

Me comenta tres variedades cuyos nombres--por supuesto--no recuerdo y un "reserva", que es el que acabo comprando. (Luego veo, en su tienda online, que las tres opciones eran Tannat, Malbec y Blend.)

- Ah, y me llevo también un bote de pasta de aceituna negra, mi preferido.

Admiro la botella. Pone "Summus", no sé bien por qué. Ahora sí, vuelvo al coche y emprendemos la marcha. Sonrío pensando que a mis nuevos amigos les gustará mi idea. Casi simultáneamente me llega un mensaje de Cecilia con información de una milonga a la noche, donde volverá a cantar Ariel Ardit. Pide confirmación. ¡Cómo no! Iremos las dos, Claudio tiene otro compromiso.

Llego al hotel a las 2 de la tarde, descanso un poco y bajo a la piscina. Me hacía ilusión nadar, pero veo que el agua está ligeramente turbia, no invita al baño. Me pongo boca abajo en la tumbona y dejo que los rayos de sol me tuesten ese lado que normalmente no está expuesto. No duro más de media hora bajo el tórrido sol sanjuanino.

Vuelvo, plancho la ropa que lavé el día anterior, y me doy un paseo por los alrededores del hotel. Conozco a Hugo Cárdenas, que canta tango en la calle y es compañero laboral de mis nuevos amigos. Le escucho medio tango y una milonga y me quedo con las ganas de bailarla antes de seguir con mi recorrido. Le hago una contribución. Me devuelve un gracias, intercalado en su canto. En una tienda de accesorios me compro una gomita para el pelo. 170 pesos, unos 50 céntimos. Sigo paseando y hago un vídeo. Me sorprende lo viva que está esta ciudad. Es sábado, de acuerdo, pero aun así. Se diría que están los más de seiscientos mil habitantes todos en la calle. De vuelta al hotel, me asomo a la misma esquina donde estaba Hugo. Sigue ahí. Le escucho dos tangos y le doy 1000 pesos. Me acerco a charlar con él. Le cuento mi amor por el tango y me dedica uno. Ya es hora de volver a casa. Cecilia llega enseguida, para llevarme a la milonga en Santa Lucía.

La más cara a la que he ido pero... ¡menuda milonga! La ubicación, la decoración de la sala, Ariel y sus músicos, los milongueros. En dos meses y medio en Buenos Aires no había cerrado ninguna milonga y esa noche de San Juan lo consigo. Salimos a las 3:40 de la mañana. Como dicen aquí: "Calavera no chilla", que traducido al castellano sería "Sarna con gusto no pica".

- ¿Te lo has pasado bien? (Le pregunto a Cecilia.)

- Sí, muy bien.

- ¿Te ganamos para el tango?

- Yo creo que sí.

Muertas, ya a la puerta del hotel, nos hacemos la foto de despedida. Tengo otra amiga para toda la vida. Lo sé.

Saturday, March 18, 2023

Día 1: De Buenos Aires a San Juan... nuevos amigos.

Es viernes y he dormido solo 5 horas, pero no importa. Hoy comienza mi aventura. He tirado la casa por la ventana para que, por una vez en mi vida, me organice todo una agencia y yo solo tenga que sentarme y disfrutar. 

Salgo para el aeropuerto al mediodía. Mi vuelo sale a las 13:40 y llego con una hora de antelación. A pesar de llevar maleta de cabina, los 15 kg. que pesa hacen que la tenga que facturar, pues el límite está en 8 kg. Puntualmente (para lo que es habitual) a las 13:43 el avión ya se mueve. Durante el vuelo me leo una reseña de lo que merece la pena ver en San Juan y apunto lo siguiente: "Auditorio Juan Victoria, casa Sarmiento, observatorio El Leoncito (manadas de guanacos), vista de Los Andes". Y pienso cuánto me gustaría ver un concierto en el auditorio.

Aterrizamos a la hora y media. Me esperan 34° al bajar la escalerita del avión. Tras una demora de unos diez minutos, sale mi maleta. Por primera vez en mi vida me recogen en un aeropuerto esperándome con un cartelito de mi nombre. Alejandro, el conductor, me cuenta que su hija acaba de graduarse en tango, con tan solo 18 años, formándose con un programa que permite cursar las materias desde la escuela primaria. Sabe que me encanta el tango y queda en buscarme información de cuándo es la próxima milonga. Al despedirnos, en la puerta del hotel, le pregunto qué recomienda ver cerca del hotel. 

- Acá tenés una zona comercial detrás del hotel, luego podés pasear por la plaza. Seguís y verás dos teatros. Pasás unos parques y luego, más adelante, tenés el auditorio, que ofrece conciertos gratis.

- ¡Ay, el auditorio! Me encantaría ir a un concierto.

A Alejandro se le ilumina la cara.

- Pues hoy te va a gustar porque tienen un concierto de homenaje a Gardel. Andá temprano a buscar la entrada, como a las 6, porque suele llenarse. Luego llegá sobre las 8:30 y te enseñarán el recinto, antes del concierto.

- Genial, así lo haré. Muchas gracias, Alejandro.

Subo a mi habitación y miro la ubicación del auditorio. Media hora caminando. Me acomodo, hablo con mi madre y, según le estoy contando cómo van las cosas, suena el teléfono. De recepción: "Tu conductor, Alejandro, acaba de traerte la última entrada que quedaba para el concierto de esta noche en el auditorio."

No me lo puedo creer. Menos mal que me apunta su teléfono en el reverso de la entrada y puedo darle las gracias. ¡Qué súper detalle!

El concierto empieza a las 9:30 de la noche. Tras una pequeña cola, accedo al recinto, que ya está bastante lleno pero, como voy sola, no tengo problema en encontrar sitio. Centrado, quinta fila. Prefiero algo más retirado. Echo la vista atrás y veo una butaca libre justo en la siguiente fila, en diagonal. Estiro una pierna y salto. Una señora sonríe y dice: "¡Mirá la flaca!" Le devuelvo la sonrisa y nos ponemos a hablar. Su marido es el primer chelo de la orquesta, Claudio. 

A los pocos minutos ya estoy invitada a quedarme en la casa de Cecilia ("tenemos una habitación libre"). No podrá ser, le digo, pues tengo contratado un circuito, pero se lo agradezco en el alma. Vivió en España, primero en Nerja y luego en Melilla, donde tuvo su primer hijo. A los 5 años volvieron a la Argentina, donde nació su hija, que ahora vive en Roma y es violista. El hijo, a cargo de una mina, está a dos horas de ellos y se acaba de casar. 

Los músicos de la orquesta sinfónica de la UNSJ nos reciben en ropa de calle, en lugar de uniformados. Protestan por los bajos salarios, pero lo hacen con la delicadeza de atender a su público, de deleitar con su música.

Casi cincuenta músicos homenajeando a Gardel, incluida la voz de Ariel Ardit, artista nominado dos veces a los Grammy latinos. Ya desde la obertura inicial noto las emociones a flor de piel. ¡Qué afortunada soy de estar aquí, en este auditorio!

El público comparte mi emoción y nos regalan "Por una cabeza", cuyo estribillo entonamos candorosamente, a invitación de Ariel. 

Al acabar, Cecilia me cuenta un montón de cosas interesantes y me lleva a ver el anfiteatro, en el exterior. Ella también es músico, ahora dedicada a la docencia.



Nos dirigimos a un restaurante en la Avenida Libertador, una vía principal llena de vida. Son las 12 de la noche y está llena. Cecilia aprovecha para contarme que en otras ciudades se llama "Avenida San Martín" porque hace referencia a la misma persona, uno de los héroes de la patria. Hay algo que me llama mucho la atención: las vías principales tienen unos canales entre acera y calzada. Resulta que son canales de riego. San Juan es muy verde pero no porque haya muchas precipitaciones. Llega de retener el agua del río San Juan a las afueras de la ciudad.

Compartimos historias de vida, como si nos conociéramos desde hace mucho tiempo. Al acabar, me dan un paseo por algunos monumentos históricos, incluyendo la antigua estación de San Martín, en cuyos alrededores hay un "medio anfiteatro" (un cuarto de círculo) y un monumento en recuerdo a las víctimas del holocausto, en particular, del gueto de Varsovia. También vemos el Centro Cívico, donde trabajan 5000 funcionarios, y en sus aledaños, la legislatura de la provincia. Cecilia y yo nos bajamos del coche en el Teatro del Bicentenario y nos acercamos a la entrada. Bajo el arco se podía escuchar el eco de nuestras voces. Me encanta.

Me devuelven al hotel y son casi las dos. Quedamos en vernos al día siguiente.


Día 4: Talampaya... paisaje rojizo / La Rioja... paseo y clase de tango

Llegamos a Talampaya a las 9, como estaba previsto. El cielo está cubierto, lo cual es una gran suerte, porque los días anteriores las tempe...