Saturday, March 18, 2023

Día 1: De Buenos Aires a San Juan... nuevos amigos.

Es viernes y he dormido solo 5 horas, pero no importa. Hoy comienza mi aventura. He tirado la casa por la ventana para que, por una vez en mi vida, me organice todo una agencia y yo solo tenga que sentarme y disfrutar. 

Salgo para el aeropuerto al mediodía. Mi vuelo sale a las 13:40 y llego con una hora de antelación. A pesar de llevar maleta de cabina, los 15 kg. que pesa hacen que la tenga que facturar, pues el límite está en 8 kg. Puntualmente (para lo que es habitual) a las 13:43 el avión ya se mueve. Durante el vuelo me leo una reseña de lo que merece la pena ver en San Juan y apunto lo siguiente: "Auditorio Juan Victoria, casa Sarmiento, observatorio El Leoncito (manadas de guanacos), vista de Los Andes". Y pienso cuánto me gustaría ver un concierto en el auditorio.

Aterrizamos a la hora y media. Me esperan 34° al bajar la escalerita del avión. Tras una demora de unos diez minutos, sale mi maleta. Por primera vez en mi vida me recogen en un aeropuerto esperándome con un cartelito de mi nombre. Alejandro, el conductor, me cuenta que su hija acaba de graduarse en tango, con tan solo 18 años, formándose con un programa que permite cursar las materias desde la escuela primaria. Sabe que me encanta el tango y queda en buscarme información de cuándo es la próxima milonga. Al despedirnos, en la puerta del hotel, le pregunto qué recomienda ver cerca del hotel. 

- Acá tenés una zona comercial detrás del hotel, luego podés pasear por la plaza. Seguís y verás dos teatros. Pasás unos parques y luego, más adelante, tenés el auditorio, que ofrece conciertos gratis.

- ¡Ay, el auditorio! Me encantaría ir a un concierto.

A Alejandro se le ilumina la cara.

- Pues hoy te va a gustar porque tienen un concierto de homenaje a Gardel. Andá temprano a buscar la entrada, como a las 6, porque suele llenarse. Luego llegá sobre las 8:30 y te enseñarán el recinto, antes del concierto.

- Genial, así lo haré. Muchas gracias, Alejandro.

Subo a mi habitación y miro la ubicación del auditorio. Media hora caminando. Me acomodo, hablo con mi madre y, según le estoy contando cómo van las cosas, suena el teléfono. De recepción: "Tu conductor, Alejandro, acaba de traerte la última entrada que quedaba para el concierto de esta noche en el auditorio."

No me lo puedo creer. Menos mal que me apunta su teléfono en el reverso de la entrada y puedo darle las gracias. ¡Qué súper detalle!

El concierto empieza a las 9:30 de la noche. Tras una pequeña cola, accedo al recinto, que ya está bastante lleno pero, como voy sola, no tengo problema en encontrar sitio. Centrado, quinta fila. Prefiero algo más retirado. Echo la vista atrás y veo una butaca libre justo en la siguiente fila, en diagonal. Estiro una pierna y salto. Una señora sonríe y dice: "¡Mirá la flaca!" Le devuelvo la sonrisa y nos ponemos a hablar. Su marido es el primer chelo de la orquesta, Claudio. 

A los pocos minutos ya estoy invitada a quedarme en la casa de Cecilia ("tenemos una habitación libre"). No podrá ser, le digo, pues tengo contratado un circuito, pero se lo agradezco en el alma. Vivió en España, primero en Nerja y luego en Melilla, donde tuvo su primer hijo. A los 5 años volvieron a la Argentina, donde nació su hija, que ahora vive en Roma y es violista. El hijo, a cargo de una mina, está a dos horas de ellos y se acaba de casar. 

Los músicos de la orquesta sinfónica de la UNSJ nos reciben en ropa de calle, en lugar de uniformados. Protestan por los bajos salarios, pero lo hacen con la delicadeza de atender a su público, de deleitar con su música.

Casi cincuenta músicos homenajeando a Gardel, incluida la voz de Ariel Ardit, artista nominado dos veces a los Grammy latinos. Ya desde la obertura inicial noto las emociones a flor de piel. ¡Qué afortunada soy de estar aquí, en este auditorio!

El público comparte mi emoción y nos regalan "Por una cabeza", cuyo estribillo entonamos candorosamente, a invitación de Ariel. 

Al acabar, Cecilia me cuenta un montón de cosas interesantes y me lleva a ver el anfiteatro, en el exterior. Ella también es músico, ahora dedicada a la docencia.



Nos dirigimos a un restaurante en la Avenida Libertador, una vía principal llena de vida. Son las 12 de la noche y está llena. Cecilia aprovecha para contarme que en otras ciudades se llama "Avenida San Martín" porque hace referencia a la misma persona, uno de los héroes de la patria. Hay algo que me llama mucho la atención: las vías principales tienen unos canales entre acera y calzada. Resulta que son canales de riego. San Juan es muy verde pero no porque haya muchas precipitaciones. Llega de retener el agua del río San Juan a las afueras de la ciudad.

Compartimos historias de vida, como si nos conociéramos desde hace mucho tiempo. Al acabar, me dan un paseo por algunos monumentos históricos, incluyendo la antigua estación de San Martín, en cuyos alrededores hay un "medio anfiteatro" (un cuarto de círculo) y un monumento en recuerdo a las víctimas del holocausto, en particular, del gueto de Varsovia. También vemos el Centro Cívico, donde trabajan 5000 funcionarios, y en sus aledaños, la legislatura de la provincia. Cecilia y yo nos bajamos del coche en el Teatro del Bicentenario y nos acercamos a la entrada. Bajo el arco se podía escuchar el eco de nuestras voces. Me encanta.

Me devuelven al hotel y son casi las dos. Quedamos en vernos al día siguiente.


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